10 señales de que quizá TÚ eres la persona tóxica de la relación
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Cuando escuchamos “relación tóxica”, casi siempre pensamos en alguien más.
En la novia controladora.
En esa persona que nunca pedía perdón.
Pero hay una pregunta bastante más incómoda:
también las haces tú?
Primero, algo importante: “persona tóxica” no es un diagnóstico psicológico. Es una expresión popular que utilizamos para describir patrones de relación que terminan causando daño, desgaste, miedo, control o sufrimiento.
Y tampoco se trata de contar puntos. Haber cometido alguna de estas conductas alguna vez no define quién eres.
Estas son 10 señales a las que vale la pena prestar atención.
Cuando algo te molesta, atacas a la persona y no al problema
No es lo mismo decir:
que:
La investigación sobre relaciones distingue precisamente entre expresar una queja por una conducta concreta y convertir el conflicto en un ataque contra el carácter de la otra persona. La crítica personal repetida está relacionada con dinámicas de pareja mucho más destructivas.
Fuente: The Gottman Institute
Te burlas, humillas o haces sentir inferior a tu pareja
Apodos ofensivos.
Imitarlo para ridiculizarlo.
Poner los ojos en blanco mientras habla.
Hacer bromas sobre sus inseguridades y después decir:
Todo esto puede formar parte de lo que en investigación de parejas se denomina desprecio: comunicarse desde una posición de superioridad hacia el otro.
En los estudios de John Gottman, el desprecio aparece como uno de los patrones de comunicación más relacionados con el deterioro de la relación.
Fuente: The Gottman Institute
Siempre encuentras la manera de que la culpa termine siendo del otro
“Si te grité fue porque me provocaste.”
“Yo no reaccionaría así si tú no fueras así.”
Defendernos cuando sentimos que nos atacan es humano.
El problema aparece cuando nunca podemos asumir nuestra parte de responsabilidad y automáticamente devolvemos la culpa.
La defensividad crónica puede mantener vivo el conflicto porque convierte cualquier intento de hablar de un problema en una batalla por demostrar quién es el culpable.
Fuente: The Gottman Institute
“En esto me equivoqué.”
Dejas de hablar para castigar
Aquí hay una diferencia enorme.
Eso puede ser una estrategia saludable para regularse.
Pero desaparecer, ignorar mensajes, retirar el afecto o dejar de dirigirle la palabra deliberadamente para que la otra persona sufra es algo distinto.
La retirada durante los conflictos ha sido ampliamente estudiada dentro del patrón conocido como demanda-retirada, relacionado con problemas de comunicación y menor satisfacción de pareja. Un metaanálisis reunió 74 estudios y más de 14 mil participantes.
Fuente: Communication Monographs
Confundes preocupación con control
Puede ser cariño.
Puede ser otra cosa.
Exigir contraseñas.
Decidir cómo debe vestirse.
Preguntar constantemente con quién está.
Controlar a quién sigue.
Enojarte porque tarda en responder.
El CDC incluye el monitoreo excesivo y otras formas de control dentro de las conductas de control coercitivo que pueden formar parte de la agresión psicológica en una relación.
Fuente: Centers for Disease Control and Prevention
derechos de administrador sobre su vida.
Poco a poco intentas alejarlo de otras personas
“Tu familia se mete demasiado.”
“¿Para qué quieres salir sin mí?”
“Siempre los prefieres a ellos.”
Una pareja puede tener motivos legítimos para señalar una relación problemática.
Lo preocupante es el patrón: hacer que alguien se sienta culpable cada vez que ve a sus amigos, poner obstáculos para que visite a su familia o conseguir que su mundo se vaya haciendo cada vez más pequeño.
El aislamiento de amistades y familiares aparece expresamente entre las formas reconocidas de control coercitivo.
Fuente: CDC – National Intimate Partner and Sexual Violence Survey
Crees que los celos demuestran cuánto amas
Suena romántico.
Hasta que deja de serlo.
Sentir celos ocasionalmente es una emoción humana. Lo problemático es utilizarlos para justificar vigilancia, interrogatorios, prohibiciones o posesividad.
Los celos y la posesividad aparecen asociados a relaciones conflictivas y son considerados factores relevantes cuando se evalúan dinámicas de violencia y control en pareja.
Fuente: American Psychological Association
No un permiso para controlar.
Utilizas la culpa, el miedo o las amenazas para conseguir lo que quieres
“Si realmente me quisieras, lo harías.”
“Si me dejas, no sé qué voy a hacer conmigo.”
“Vas a arrepentirte.”
Esto ya va mucho más allá de una mala comunicación.
El chantaje, las amenazas y ciertas formas de manipulación pueden convertirse en mecanismos de control. El CDC incluso contempla las amenazas de hacerse daño para impedir que una pareja se aleje entre las conductas que pueden aparecer dentro del control coercitivo.
Fuente: Centers for Disease Control and Prevention
Te cuesta aceptar un límite cuando no te gusta
“No quiero que revises mi celular.”
“Hoy quiero salir con mis amigos.”
“No quiero tener sexo.”
“No.”
Un límite no necesita gustarte para existir.
Puedes preguntar, negociar algunas cosas o expresar lo que sientes. Pero insistir, presionar, castigar o manipular para conseguir que alguien retire un límite cambia completamente la dinámica.
Y cuando hablamos de sexualidad, el consentimiento no es negociable: la coerción sexual forma parte de la violencia de pareja.
Haces que la otra persona termine dudando constantemente de lo que vivió
“Estás exagerando.”
“Eso nunca lo dije.”
“Estás loco.”
“Todo te lo inventas.”
Las personas podemos recordar un mismo acontecimiento de manera diferente. Eso, por sí solo, no es gaslighting.
El problema es un patrón deliberado de manipulación mediante el cual una persona niega, distorsiona o desacredita repetidamente las percepciones de la otra hasta hacerla desconfiar de su propio juicio.
Una revisión sistemática reciente sobre control coercitivo encontró este tipo de manipulación repetidamente descrita en las experiencias de víctimas y asociada con llegar a cuestionar su propia percepción de la realidad.
Fuente: Journal of Family Violence
¿Te reconociste
en alguna?
Eso no significa automáticamente que seas “una persona tóxica”.
Todos podemos reaccionar mal, sentir celos, ponernos a la defensiva o decir algo hiriente alguna vez.
La pregunta importante es otra:
¿Lo justificas?
¿Culpas al otro?
¿Prometes cambiar y vuelves exactamente al mismo patrón?
¿O eres capaz de reconocerlo, reparar el daño y aprender otra manera de relacionarte?
Porque quizá la señal más importante de todas no sea equivocarnos.
Es creer que siempre son los demás quienes tienen que cambiar.
