Solo Las Más 2 y el porqué el Olimpo del drag mexicano nos vuela la cabeza.
Vamos a ser sinceros: hay espectáculos que solo sirven para apagar el cerebro un rato. Pero hay otros que, en cuanto se encienden los reflectores, te recuerdan que ser fiel a quien eres es un superpoder. Eso es el drag en México. Sí, hay un despliegue increíble de ropa, pelucas gigantes y un maquillaje que ya quisieran los mejores filtros de TikTok; pero detrás de todo ese brillo hay algo mucho más magnético: las ganas de comerse el mundo y una pregunta que nos queda al costo a todos: ¿cuántas veces has tenido que armarte un personaje más fuerte y seguro para salir a la calle y sobrevivir al día?
El próximo martes 16 de junio de 2026 se estrena Solo Las Más 2 en el canal oficial de YouTube de La Más Draga y la expectativa está por las nubes. Esta vez viene con Galilea Montijo en la conducción (un crossover pop espectacular) y un jurado implacable: Lolita Cortés, Alfonso Waithsman, Aldo Rendón y Rebel Mörk. ¿El premio? Un millón de pesos redondos para un elenco lleno de puro talento: Peke Balderas, Regina Bronx, Raga Diamante, Hidden Mistake, La Kliezz, Deseos Fab, Juana Guadalupe, Lupita Kush y Mista Boo.
Podría parecer solo un reality más para comentar en redes mientras cenamos, pero reducirlo a eso es quedarse en la superficie. Lo que este proyecto nos está gritando en la cara es que las expresiones creativas que nacieron en los clubes de la noche ya no necesitan pedirle permiso a la televisión tradicional para ser gigantes. Armaron su propia industria, sus propias reglas y su forma de contar cómo es el México de hoy.
Un formato con sabor a barrio y tradición
Cuando La Más Draga apareció en nuestras vidas por allá de 2018 gracias a La Gran Diabla, el juego cambió por completo. Lo más inteligente que hicieron no fue copiar el formato extranjero de RuPaul, sino “mexicanizarlo” sin miedo. Cambiaron los tecnicismos en inglés por palabras que se sienten en casa: la “draga”, la “reina”, la “madre”.
De pronto, el escenario se convirtió en un desfile alucinante donde caben desde el color de Frida Kahlo y el drama musical de Juan Gabriel, hasta el papel picado, la lotería, los alebrijes y esa costumbre tan nuestra de reírnos de la desgracia y armar una fiesta en medio del caos. No es solo ver quién compite mejor; es ver a un grupo de artistas tomando la identidad del país para decir: “A ver, México también se ve, se ríe y se reinventa desde este lado”.
Quitarse la máscara usando otra máscara
Para entender de dónde viene esta fuerza, no hay que inventar el hilo negro. Jugar con la identidad es más viejo que el internet. Ya pasaba en el teatro de la Grecia antigua (donde los hombres hacían los papeles de mujeres porque a ellas no las dejaban actuar) o en las obras de Shakespeare, demostrando que la identidad no es una caja cerrada.
Por eso, quedarse con la idea de que esto es solo “hombres que se visten de mujer” es una visión bastante aburrida y del siglo pasado. Es una herramienta para jugar con las reglas de lo que la sociedad nos dice que “debemos ser”. Al exagerar la ropa y los gestos, nos demuestran que la vida diaria también es, en parte, un personaje. Todos editamos nuestra versión para salir al mundo: nos vestimos de cierta forma para una entrevista, cambiamos el tono de voz en una junta seria o fingimos seguridad cuando nos morimos de miedo. La diferencia es que en el escenario no se oculta ese truco; se celebra, se vuelve gigante y se convierte en arte.
"El lenguaje es la primera trinchera para existir. Expresiones como 'y la queso' o 'levantar el evento' nacieron en los camerinos y hoy definen el habla de miles de jóvenes en las calles y las redes sociales."
Del antro a las salas de cine: cuando el rito se vuelve masivo
Ver que un arte que empezó en la clandestinidad de la noche ahora llene salas de cine para sus finales y atraiga patrocinadores enormes es emocionante, pero también abre debate. Cuando algo se vuelve muy comercial, siempre da miedo que se suavice, que le quiten la rebeldía para que no incomode a las mayorías.
La pregunta es si el público masivo solo se queda con el chiste y el vestido bonito, olvidando las batallas reales de las personas que están detrás de la pintura. Por suerte, el formato mexicano tiene un ancla cultural brutal que nos recuerda de qué se trata esto: el altar de muertas. Cuando una participante sale de la competencia, “muere” simbólicamente y pasa a un altar con flores de cempasúchil y papel picado. En un país que sabe tanto de pérdidas, ese detalle es hermoso: nos dice que nadie se olvida y que la comunidad siempre te cuida la espalda.
Un espacio donde cabemos todos
Lo mejor de esta evolución es que el panorama se está abriendo para demostrar que aquí no hay aduanas. Si la idea original era romper las reglas, no se pueden inventar reglas nuevas para excluir a nadie. Ver a Alexis 3XL (una mujer cisgénero) ganar el show, a Memo Reyri explorando el mundo de los drag kings, o los procesos de transición de Madison Basrey y Kelly Caracas en televisión, nos deja claro que este arte es de quien quiera tomar el cuerpo como su lienzo de expresión libre.
Un gran ejemplo es Gala Varo. De día es Jesús Meza Arroyo, un tipo metido en laboratorios, académico y científico de la bioquímica; de noche, es una de las figuras más magnéticas de la escena. Esta dualidad perfecta rompe el prejuicio tonto de que el drag es algo superficial o “para gente sin oficio”. Al contrario: Gala nos enseña que somos seres de muchas capas y que podemos ser ciencia y fantasía al mismo tiempo.
La verdad detrás de la pintura
Al final, la razón por la que tantas personas jóvenes conectan con este universo no es por la excentricidad, sino por pura empatía emocional. El drag no es una mentira; es una verdad súper honesta construida con diseño, esfuerzo y talento. Claro que lleva horas de producción, pegamento y pelucas pesadas, pero en el fondo lo que se mueve es un deseo humano que todos compartimos: las ganas de que nos vean, de que nos escuchen y de ser los directores de nuestra propia historia.
Solo Las Más 2 llega con una escena mexicana que ya es adulta, fuerte y con voz propia. Ya no es el secreto del submundo nocturno; es cultura pop con todas las letras, que dicta tendencias y que nos enseña que puedes pasar horas buscando quién eres frente al espejo de tu cuarto, pero que todo se vuelve verdaderamente divertido y poderoso cuando te atreves a salir al mundo, con paso firme, sin pedirle permiso a nadie y pisando fuerte.
